Desde ayer, hablo de mi padre en pretérito imperfecto.
Las condolencias empiezan y acaban en este post.
27/2/10
Hasta siempre
Estación
X al desnudo
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23/2/10
Addictions
Entró al lavabo de señoras y cerró por dentro. Marcó el número con una sola mano de forma automática, esta vez un poco más deprisa de lo normal, mientras con la otra repiqueteaba sobre el espejo de forma manifiestamente impaciente.
- Telepizza, ¿dígame?
- Déjate de gilipolleces.
- Joder, no querrás que diga Telepolvo -dijo, divertido, su interlocutor-. No quiero que nadie piense que es una línea erótica.
- Puedes decir "¿Sí?" o "¿Diga?" como hace todo el mundo.
- Bueno, ¿ya te la has acabado?
- Lo habré hecho en un minuto. Por eso te llamo.
- Claro, solo me llamas por eso.
- ¿Para qué otra cosa iba a llamarte?
- Ya sabes para qué.
- Oye, no me ralles. ¿Vas a venir o no?
- ¿Ahora?
- Claro, ahora. Si la quisiera mañana te llamaría mañana.
- Dame media hora. ¿Cuánto quieres?
- Cinco.
- Hostia, ¿estás loca?
- Joder, tú solo ven, ¿vale?
- ¿Estás en casa?
- No, estoy en un cóctel. Apunta la dirección.
- ¡No me jodas! No será de...
- No, idiota. De todas maneras no te preocupes, te espero fuera.
- Vale. Media hora.
Por fin colgó. Últimamente estas llamadas se prolongaban más de lo deseable. Y se repetían más de lo deseable. Sacó del minúsculo bolso de mano una cartera que rivalizaba con este en tamaño, y de la misma un DNI que había visto mejores días. Sacó también una cajita metálica que contenía la última dosis de evasión, la vertió sobre la encimera, la preparó, y la hizo desaparecer con un billete de doscientos.
Veinte minutos más tarde llegó él. Dejó la moto en otra esquina y se acercó andando con el casco en la mano. Delgado, moreno, alto, con barba de cinco o seis días, encantador. Ella llevaba un vestido a la rodilla, azul marino, sobrio; el cabello rubio en una coleta cuya informalidad contrastaba con el resto de su imagen. No tendría aún cuarenta años.
- Has llegado rápido. No aguanto estas fiestas de mierda.
- Estás estupenda.
- Gracias. Pero esto tiene que acabar.
- Sí, sería lo más sensato por tu parte. Aunque me apenará perder a mi mejor...
- No seas idiota. Me refiero al tonteo.
- ¿Estamos tonteando?
- Tú tonteas conmigo.
- Ya sabes cómo soy.
- Y me gustaría no saberlo. Sabemos demasiado el uno del otro. No tendría que ser así. Deberías ser más serio haciendo lo que haces.
- Y lo soy. Este trato es solo contigo.
- ¿Por qué?
- Bueno, ¿tienes la pasta?
- ¿Eh...? Claro. Mira, vamos al garaje de enfrente.
Ella cruzó la calle sin esperarle, evitando que pudieran verlos juntos. Él fue detrás, acelerando el paso para alcanzarla. En la seguridad del subterráneo hicieron la transacción.
- Siempre cambias de tema cuando no te interesa la conversación.
- Bueno, tú sueles hacer lo mismo.
- Es diferente. Tú me hablas de cosas que no tocan. Yo intento ceñir nuestra relación dentro de límites comerciales, pero siempre me das largas. ¿Y esas conversaciones extrañas que me haces mantener por teléfono? Es ridículo. Me pones de los nervios. No sé por qué te sigo llamando...
- Claro que lo sabes. A mí no me haces ningún favor. Soy yo el que te lo hago a ti, yendo a donde quieres cuando quieres. Me sigues llamando porque me necesitas.
- Eso quisieras. Puedo dejarlo cuando me dé la gana.
- Ya. Eso decís todos. La verdad es que deberías hacerlo.
- ¿A ti que más te da? No ganas nada.
- Hazlo por tus hijas. Me parece muy hipócrita que les des lecciones de moral mientras te haces mierda el tabique.
- Cállate de una puta vez. Ni siquiera sé cómo sabes que tengo dos hijas.
- Me cuentas muchas cosas. Te pones muy tontorrona cuando tardo un poco y se te dispara el pulso, ¿sabes?
Fue acercándose, acortando la distancia que los separaba. Puso su mano cariñosamente sobre un lado de la cara, sujetando un mechón de pelo tras la oreja.
- Me cuentas que tu marido es gilipollas, que a Elena empiezan a gustarle los chicos, que descubriste que Esther guardaba una bolsita de maría y la castigaste dos meses sin salir. Que quieres dejar tu trabajo...
- Para, por favor.
Él acarició su mejilla con el dorso de la mano. Se miraron quedamente durante tres segundos, pero no pasó lo que no podía pasar. Salieron del garaje y cruzaron la calle de vuelta, esta vez juntos.
- Bueno, ya no creo que me llames hasta la semana que viene, ¿no?
- No, no creo. Pero por si acaso no apagues el móvil.
- Ya sabes que para ti estoy veinticuatro siete.
- Lo sé. Ponte el casco, ¿vale?
- Vale. Y tú afloja un poco. Supongo que te has dado cuenta de que cada vez me pillas más.
- Es asunto mío.
- Será asunto mío también cuando no puedas pagarme. ¿Tan alto es el sueldo en la Brigada de Estupefacientes?
Ella sonrió. Él también. Y volvieron a las vidas en las que no se conocían.
Estación
Hijos de Pandora
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20/2/10
Unbeatable
Cuando llegó, encontró a Isabel con el abrigo puesto y una maleta a su lado. Sobre la mesa reposaba una gran caja con todas las fotos y recuerdos de Marta que él no había podido retirar tras todos estos años.
- Tienes que elegir, Miguel. O ella o yo, pero no puedo seguir viviendo en una casa donde esté tan presente en cada rincón. O bien vuelves a poner todas las cosas donde estaban y me voy, o guardas la caja y te quedas conmigo.
Miguel dejó las llaves, cerró la puerta y llegó hasta la mesa. Cogió la caja con ambas manos y se dirigió hacia el desván.
- Te llamaré un taxi.
Estación
Micros
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16/2/10
Irene tiene pene
Vale, sí, no tiene gracia. Una cosa es que te rechacen y otra que te compongan una canción y seas la comidilla del barrio. A este pavo lo conocí por internet y me pareció mono, estuvimos hablando bastante tiempo y parece que conectamos. No tardó mucho en pedirme cosas subidas de tono, pero como me estaba gustando, pues acepté. Una vez llegué a enseñarle las tetas por webcam y se volvió loco, me dijo que me quería conocer en persona, que me pagaba el tren y lo que hiciera falta, que le gustaba un montón y demás tonterías. Yo le lanzaba indirectas para tantear el terreno, que dos tetas no lo son todo, que las cosas no siempre son lo que parecen... y él contestaba que el físico era lo de menos, que lo importante está en el interior. Y yo, ingenua de mí, me lo creí.
Así que un día de estas Navidades me armé de valor y fui a visitarle. Estaba guapísimo y muy elegante con su chaleco discreto y una gorra súper fashion. Me lancé a sus brazos en cuanto me abrió la puerta de las ganas que tenía de verle y tocarle. La cosa se fue calentando y acabamos en el sofá del salón. Yo estaba a mil y ya no me importaba nada así que le dejé sobarme a gusto, hasta que pasó lo que tenía que pasar, que descubrió mi pequeño (que de pequeño no tiene nada) secretito. Se levantó muy asustado y me dijo eso de "¡Joder, Irene, tienes pene!", que en aquel entonces ya era una obviedad.
¿No estaba la belleza en el interior? ¿Ya no le gustaban mis tetas? He estado con otros chicos a los que llegado el momento de la verdad les dio lo mismo y siguieron palante (bueno, o patrás, según se mire) y nos lo pasamos muy bien. ¿Por qué él no? Al fin y al cabo yo no le pedí nada, solo tenía que afinar la puntería. Creo que jugó con mis sentimientos. Últimamente no tengo mucha suerte con los hombres.
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Hilarantemente basado en esto:
Estación
Hijos de Pandora
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12/2/10
Innocence
- Entonces, si lo hacemos... ¿me querrás más?
- Claro que sí, tonta.
- Y, ¿me querrás para siempre?
- Que sííí...
- Pues voy a hacerlo con tu amigo, que está mucho más bueno.
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O bien...
- Entonces, si lo hacemos... ¿me querrás más?
- Claro que sí, tonta.
- Y, ¿me querrás para siempre?
- Que sííí...
- Pues vaya mierda, yo solo quería follar, no casarme.
Estación
Micros
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9/2/10
Over
Se dio cuenta en ese momento, justo cuando le miró a los ojos mientras le cabalgaba como tantas veces hiciera en el pasado. Ya no había nada, no sentía nada. Pero fue condescendiente y se lo calló, quiso darle al menos un último orgasmo compartido (compartido con ella, no con su orgasmo). No tenía nada que ver que fuera un cretino o que el sexo con él fuera aburrido, ni otras cosas que también había perdonado hace unos años. Se sintió estúpida por haber vuelto a él, por no haber tenido criterio, por no haber pensado que no hacía falta hacerlo una vez más. Sus polvos post-ruptura se habían vuelto tan cotidianos que esta vez ni se planteó si debía o no, simplemente quedaron dándolo por hecho porque llevaban todo el verano sin verse, como el que queda con un amigo para ponerse al día, ellos quedaban para follar. No recuerda cuándo empezó, cuándo fue el primero, pero en ese momento tuvo claro que este sería el último.
Comenzó a vestirse antes de que él encendiera el cigarrillo. "¿No te quedas?", le preguntó, y ella negó sin girarse. "Venga, quédate y luego echamos el último", insistió el galán. Pero ella ya estaba cerrando la cremallera de sus botas. "Ya hemos echado el último" -contestó al fin- "el último de verdad. No habrá un siguiente". "¿Qué coño te pasa?", le espetó él, visiblemente molesto.
- Es solo que me he dado cuenta de que esto no lleva a ninguna parte. Estoy cansada de siempre lo mismo, tener que vernos cada dos o tres meses como si fuera una obligación, por rutina, por inercia. Es una pérdida de tiempo. Prefiero tirarme a cualquier otro, por lo menos conoceré gente.
- Eres una zorra.
- Puede. Pero no volveré a ser la tuya.
Y dicen que la puerta ni siquiera hizo ruido al cerrarse.
Estación
Venus contra Marte
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6/2/10
"Tenía hambre"
Después de meditarlo un tiempo, he decidido cambiar el título del relato (o lo que quiera que sea) por uno que destaque más aquello que quería resaltar. Mea culpa, en todo caso. :-)
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(14:31) MSN:
- te vienes al parque a dar una vuelta? vamos Marcos, Esteban, Juancar, Jero y yo. hemos quedado a las 3
- a las 3? y la comida?
- yo no voy a comer. me haré un sandwich
- ah... no sé, no creo que esté tan pronto, yo voy a comer algo. podemos vernos luego
- bueno lo cierran a las 4, así que si quieres quedamos en una puerta
- vale, luego te envío un sms
- ok
(15:26) Mensaje Facebook:
(Entre Jose, Anabel, tú y Rosa)
- hola, unos amigos vamos a ver el partido en el Gunther esta tarde, por si quereis venir, que quiero veros mas de una vez cada dos meses jaja. si no podeis hoy a ver si quedamos la semana q viene.
- Hola Rosa! Jose no está en Valencia ahora, no lo sabías? Se lo digo a Anabel porque creo que iba primero al parque. A q hora acaba el partido?
- no lo sabia! acaba a las 7.30 y despues me voy a casa q mañana curro a las 8!
(15:37) SMS:
- Ye, Rosa va a ver l partdo n l Gunther, x si ns qeremos psar
- Ok. esto cierra al final a ls 4:45, cmo kedms?
- Yo voy drctament, ns vmos alli
(17:01) Llamada móvil:
- ¿Sí?
- Oye Anabel, el Gunther está petadísimo, está todo el mundo de pie y ni aún así cabe nadie más. No veo a Rosa ni de coña, ¿por dónde estáis?
- Estamos enfrente del parque, por el Rodillo's...
- ¿Qué hacemos? Yo he pensado en quedarnos en el Coffee 73 que está al lado y mandarle un sms a Rosa por si quiere salir antes o algo.
- Vale, pues vamos para allá.
- Ok, os espero en la puerta.
(17:04) SMS:
- Ey, s imposible entrar n l Gunther, vms a estar n l Coffee 73.
(17:22) Llamada móvil:
- Dime.
- Oye, ¿veinte minutos os cuesta desde el Rodillo's hasta aquí?
- Es que hemos parado a comprar una hamburguesa, pero ya vamos.
- ¿Qué? Ah... vale...
(17:32) ¡En persona!
- Buenos días.
- Qué hay. ¿Y Esteban y Marcos?
- Se han quedado al final.
- Qué, ¿llevas mucho rato esperando?
- Hombre pues media hora.
- ¿Aquí fuera?
- Claro, si me hubierais dicho que ibais a tardar media hora habríamos quedado en otra parte, no sé.
- No sabíamos que íbamos a tardar media hora.
- El Coffee ha cerrado ya y todo.
- Bueno ¿dónde vamos?
- Vamos al bar ese que está cerca del Gobi...
- Yo paso, me voy a casa que estoy cansado.
- ... de todas formas del Rodillo's aquí sí que hay veinte minutos.
- A mí no me cuesta veinte minutos. Igualmente no me parece normal que os paréis a compraros una hamburguesa cuando sabéis que os están esperando.
- Tenía hambre.
- ...
(19:23) SMS:
- Prdon, akbo d vr tu sms! Emos stad n l Gunther, muy petado si! Slis sta noxe?
Estación
Hijos de Pandora
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2/2/10
Mi vida en cincuenta palabras
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Lo vi en el blog de Yopo y él en el de Saray (y, ya que me lo preguntan, esta en un periódico y la periodista de una amiga que lo sacó de la revista El Ciervo). Se trata de resumir tu vida en cincuenta palabras. ¿Se puede hacer? Veamos.
Mi vida en cincuenta palabras. He vivido tan poco que podrían sobrarme cuarenta. Mi primer recuerdo se remonta a mi tercer cumpleaños y desde entonces no he logrado olvidar casi nada. Sin embargo, no tengo la sensación de haber hecho nada que no se pueda olvidar. Al menos, todavía no.
1
Aparte de eso, vi esto otro en el blog de Ana y en el de Sandra y he decidido que me apetece que me regaléis el oído (o en este caso la vista). Se trata de que me describáis con tan solo una palabra. A ver si llegáis a cincuenta entre todos. Bueno, la verdad es que espero que os paséis. :P Prometo no borrar nada por mucho que os metáis conmigo. :-)
Así que ahora es vuestro turno:
Estación
X al desnudo
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